miércoles, 11 de noviembre de 2015

La Princesa Laila a través del espejo

Continúo con las historias de la Princesa Laila. Esas historias surgen de las las primeras partidas que jugué con mi hija cuando tenia siete años. Se realizaron utilizando una versión preliminar del juego Caballeros y Princesas, creado para introducir a los niños en el mundo del rol.

Bueno, al grano, el sábado siguiente a la primera partida volví a jugar a rol con mi hija. No tuve escapatoria, insistió hasta que nos sentamos a jugar, creo que he creado un monstruo. Mi idea inicial era hacer una adaptación del cuento de Caperucita roja, pero ella quería que salieran hadas y cosas por el estilo, así que de nuevo tocó improvisar.

Creando mapas y miniaturas para la partida.

Todo empezó cuando a la Princesa Laila le despertó un extraño ruido como de campanillas, tras investigar un rato descubrió que el ruido provenía del espejo. Asombrada se acerco pero, en lugar de su reflejo, lo que vio fue una extraña figura. Figura que resultó ser Mónica, la reina de las hadas, que necesitaba la ayuda de la princesa en el mundo mágico. La princesa encontró entonces el primer problema: no sabia como llegar al mundo mágico. Para resolverlo decidió pedir ayuda al mago del otro lado del lago, al que ya conocía de la aventura anterior.

El mago, tras cobrarle una moneda de oro, se comprometió a preparar un hechizo para llegar al mundo mágico. Para poder realizarlo necesitaba tres cosas; dos de ellas fáciles de conseguir: Un espejo y un objeto especial (le entrego su anillo mágico de teletransporte), pero la otra era más complicada: Un diente de troll.

Decidió preguntar a los orcos de la montaña (los de la aventura anterior) si tenían un diente de troll. Resultó que no, pero le dijeron que bajo un puente cerca del pueblo vivía uno. Mi hija recordó que la ultima vez que se le cayó un diente fue comiendo un bocadillo, así que preparo uno (de jamón para más señas) y se dirigido al puente. Tras un poco de negociación, y la intervención del bocadillo, consiguió el diente. Pero el troll puso una condición (una prenda), que Laila le conseguiría a cambio uno de oro.

Con todos los ingredientes, el mago le creo un anillo encantado que le permitía cruzar los espejos y llegar al mundo mágico. La única limitación es que solo podía hacer un viaje de ida-vuelta al día. Laila se dirigió al espejo de su cuarto y realizo el ritual que le describió el mago. De repente se encontró en el reino de las hadas, un claro rodeado de altos arboles y pequeñas hadas volando por todas partes.

Las hadas le indicaron que la reina Mónica vivía el enorme palacio-roble en mitad del claro y se dirigió hacia allí. Una vez en presencia de la reina esta le contó cual era su problema: todas las noches un troll se colaba en el reino de las hadas y pisoteaba el jardín mágico. Ese jardín es el origen de toda la magia de las hadas y por lo tanto eso era un gran problema. Laila decidió ir a hablar con los trolls y aclarar las cosas (mi hija es más dada al diálogo que al combate).

Algunos de los personajes de la partida.

Un grupo de hadas la acompaño para guiarla a trabes del bosque y comenzaron el viaje. A mitad de camino encontraron un río y Laila utilizó su collar mágico (uno de sus objetos especiales) para volar por encima y cruzarlo sin problemas. De esa manera consiguieron llegar al reino de los trolls.

El reino de los trolls resulto ser un claro repleto de curiosas casas talladas en la piedra con un enorme montículo a modo de castillo. En principio Laila no vio a nadie, pero de repente empezó a oír música y al seguirla encontró a todos los trolls celebrando una ruidosa fiesta. Allí encontró al rey que resultó ser primo del troll del puente (el que le dio el diente). El rey de los trolls le contó que estaban destruyendo el jardín de las hadas porque estas se pasaban todo el día cantando por el bosque y no les dejaban dormir (todo el mundo sabe que los trolls duermen de día). Laila le prometió que hablaría con las hadas y trataría de solucionar el problema.

Tras un accidentado viaje a través del bosque en el que casi se ahoga y tuvo que combatir con un oso que afirmaba ser el rey del bosque (en el mundo mágico los animales hablan), consiguió hacer que la reina de las hadas y el rey de los trolls se reunieran. Ambos reyes llegaron a un acuerdo y se repartieron el bosque (un lado del rió para cada reino) y en agradecimiento le dieron una moneda de oro cada uno a Laila. Tras comentarle al rey de los trolls que ese oro era para hacerle un diente a su primo este le dio otra moneda mas.

Al volver a su mundo Laila no olvido su deuda y le entregó las tres monedas de oro al herrero para que le hiciera un diente de oro que mas tarde entregó al troll del puente. Con esto acabo la aventura, muy a pesar de mi hija, que quería continuar con las aventuras de Laila.

No creáis que con esto terminan las aventuras de nuestra princesa favorita, todavía nos queda alguna otra historia repleta de misterios, dungeons y algún combate.

Hasta la próxima.